Por muchos años me ilusionaba al pensar que, con el tiempo, iba a poder tener un diario de solamente BEISBOL, lo cual resultó una idea imposible de realizar. Afortunadamente logré parte de mis sueños al poder armar una página de internet que me permite recordar a los grandes héroes y los momentos inolvidables que ha tenido el rey de los deportes en su glorioso pasado.

Tomás Morales Fernández

lunes, 5 de mayo de 2014

DIHIGO

MARTIN DIHIGO

EL INMORTAL, EL
MAESTRO Y EL
MEJOR DE TODOS


NO hay duda que Martín Dihigo fue un super pelotero, el mejor de sus tiempos en América Latina y con sus hazañas también en las Ligas Negras de los Estados Unidos. Decir Dihigo era hablar del mejor y en Cuba lo bautizaron desde sus tiempos de gran pitcher y gran bateador como “el inmortal”, mientras en Veracruz fue bautizado como “el maestro”. Fue en 1937 cuando tuvimos la suerte de recibir a Dihigo en nuestro México al ser contratado por el Aguila y cuando su vapor llegó al puerto de Veracruz el muelle estaba lleno de cientos y cientos de aficionados que lo habían ido a recibir. En sus memorias, Dihigo dice que el entusiasmo era tanto que muchos fanáticos querían llevarlo en hombros al hotel donde se iba a alojar pero les explicó que todavía no había hecho nada con el equipo Aguila para recibir ese tratamiento de héroe. Pero los aficionados sabían que iba a ser el número uno del equipo y fue el factor principal al ganar el equipo jarocho los campeonatos de 1937 y 38.
DIHIGO CON DIABLOS ROJOS 1941
Ya cuando Dihigo llegó a México todo el mundo en la pelota lo conocía por sus hazañas en la Liga Cubana donde había  lanzado, bateado y hasta manejado. En todos los medios beisboleros se le conocía como el número uno y es una desgracia que la barrera del color no se haya roto en los tiempos del gran jugador nacido en Matanzas pero que luego creció en Cruces, allá por Las Villas y cerca de Cienfuegos.

Afortunadamente Dihigo se enamoró de nuestro México tan pronto llegó en 1937 y ya decidió no volver a las Ligas Negras Americanas donde naturalmente había mucha segregación en el país del norte.
Los records que ha dejado no solamente para la posteridad, para durar siempre, sino que para dejar admirados al aficionado que no lo haya conocido. En dos diferentes temporadas ganó la triple corona de pitcheo, con el Aguila en 1938 y con Algodneros de Unión Laguna en 1942. En 1938 no solamente se llevó la triple gema del pitcheo sino que fue igualmente el campeón bateador con un promedio de .387. Y cuando conquistó la triple corona de los serpentineros en 1942 con Unión Laguna fue igualmente el manager del equipo campeón de la Liga Mexicana. Es imposible pensar que alguien pueda llegar a igualar esos records. Fue el primero en Liga Mexicana que logró lanzar un juego sin hit ni carrera y el primero que impuso la marca de 18 ponches en un partido.

GRAN BATEADOR
Otro de los grandes records que dejó Martín Dihigo en la Liga Mexicana fue el de más ponches en dos juegos consecutivos ya que el 29 de julio de 1939 ponchó a 16 bateadores del Monterrey en la Sultana del Norte y en su siguiente salida, el cinco de agosto de 1939, ponchó a 18 bateadores del Alijadores en Tampico para totalizar 34 en los dos juegos seguidos. Una marca mejor que la que existe en Ligas Mayores.
CON CIENFUEGOS
En 1939 tuvo Dihigo record de 15-8 y 2.90, siendo esa la campaña en que el Aguila de Veracruz impuso la marca que perdura de 21 victorias consecutivas. Sin embargo ese año el Aguila no pudo ganar su tercer título seguido y Cafeteros de Córdoba fue el campeón.

Era Dihigo un auténtico torbellino, un huracán. Su primera estancia con el Aguila duró de 1937 a 1939, con dos campeonatos para el equipo y luego siendo destronado por el sorprendente Cafeteros de Córdoba manejado por Lázaro Salazar.
Luego vino su tiempo con Jorge Pasquel en el Azules del Veracruz de 1940 y cuenta en sus memorias también que fue el gran jugador quien le puso el nombre de Azules al club del magnate veracruzano, con su equipo poniéndolo en el Parque Delta de la ciudad de México.

AGUILA DE 1938. DIHIGO ARRIBA A LA IZQUIERDA
Confiesa que el ego de Pasquel y el de él eran tan grandes que no podían durar mucho tiempo con el equipo Azules y para 1941 estaba repartiendo palos con los Diablos Rojos, donde bateaba .372 con ocho jonrones cuando por orden de Pasquel fue enviado a manejar y jugar con el equipo de Torreón que estaba teniendo severos problemas en su asistencia después de dejar Melo Almada el timón del club.. Y vinieron los años de don Martín con el Unión Laguna, logrando el campeonato de 1942.
Por cierto con los laguneros estaba también otro jugador cubano, Manolo Fortes, que igualmente podía pitchear muy bien y batear hasta jonrones. En 1943 fue Fortes el campeón de pitcheo en ganaos y perdidos con record de 18-6. Un año antes el gran Dihigo había ganado 22 partidos para que Laguna ganara la corona con juego y medio sobre Monterrey.
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AZULES DEL VERACRUZ 1940
Dihigo tuvo record de 4-0 al llegar a México al final de la campaña de 1937 y luego ganar los tres juegos del play off, viniendo en 1938 su primera triple corona de pitcheo con record de 18-2, 0.90 en carreras limpias y 184 ponches.
En 1943 fue un campeonato diferente a los demás y Monterrey ganó la corona con medio juego de ventaja sobre Laguna y todo se debió a una victoria que le quitaron a los Algodoneros por haber utilizado en un juego nocturno en Torreón al pitcher americano Terry McDuffie. El derecho de color tiraba tan fuerte y era tan wild que se prohibió que McDuffie pudiera lanzar en un partido de noche en Torreón donde el alumbrado no era muy bueno.
Sin embargo el manager Dihigo lo utilizó en un partido nocturno que ganó McDuffie y se lo quitaron en la mesa. Don Martín dijo que nadie le había notificado sobre esa prohibición que se aprobó en una junta de la Liga Mexicana.

DIABLOS ROJOS 1941
Y al perder por medio juego la corona, el asunto se agigantó y Torreón decidió  salirse de la liga por un tiempo.  En sus memorias, Dihigo dice que el Ingeniero José Ortiz, propietario del Torreón, traicionó al equipo y a sus aficionados al aceptar la regla que McDuffie no lanzara por la  noche en el Parque Revolución. Y asegura que fue una conjura para que Monterrey y no Laguna fuera el campeón de 1943 ya que el último día del rol el club Algodoneros tenía que celebrar un doble juego en Puebla y se suspendió por lluvia. Martín insiste en que la presidencia debió obligar a jugarse el doble partido al día siguiente de terminado el rol, pero todo el mundo se fue a su casa y Monterrey fue declarado campeón.

EL INMORTAL
Dihigo tuvo que buscar nuevos horizontes y para 1944 estaba como manager-jugador de los Tecolotes de Nuevo Laredo, regresando a la Liga de Color Americana en 1945 y volviendo con Unión Laguna para 1946, la Temporada de Oro en que ganó 12 juegos. Ya Dihigo estaba llegando al final del camino como estrella de estrellas y después de comenzar como manager y jugador del Tuneros de San Luis Potosí en 1947 pasó al Azules del Veracruz en donde tuvo sus últimos partidos de una carrera inolvidable. Terminó su paso por la Liga Mexicana con el mejor promedio de ganados y perdidos en la historia del circuito, .676, con 112 ganados y 57 perdidos así como un eléctrico 2.84 en carreras limpias. Se anotó 1109 ponches en 1523 innings.
DIHIGO Y CARLOS ALBERTO GONZALEZ

Después lo vimos en la misma Liga Mexicana manejando diferentes equipos, entre ellos su Aguila de Veracruz, y logró conquistar un campeonato más como manager de los Chileros de Jalapa en la Liga Invernal Veracruzana de 1953-54. Igualmente ganó como manager un campeonato en la Liga Invernal de Venezuela y una vez lo invitaron a manejar a  los Alacranes  de Durango en la Liga Central al que llevó a otro campeonato. En la Liga Cubana logró campeonatos como manager-jugador con Leopardos de Santa Clara en la temporada de 1935-36 y con los Monjes Grises del Marianao en 1936-37. Se puede decir que triunfó como super estrella de jugador y también tuvo éxito como timonel.
MARTIN CON JALAPA

En 1957 estaba Dihigo manejando al Aguila de Veracruz y al jugar Diablos Rojos en el puerto le ofreció una gran comida al terminar la serie a Lázaro Salazar para celebrar que lo habían nombrado nuevo manager de los Azules del Almendares en la Liga Cubana para la siguiente temporada invernal. Fue un domingo inolvidable con Dihigo de gran anfitrión y cocinero. Desgraciadamente el siguiente juego que manejó Salazar en el Parque del Seguro el 24 de abril se colapsó en la caseta y un día después murió. Ya no pudo cumplir su sueño dorado de volver a manejar en la Liga Cubana, su liga cubana. Fue una tragedia que sacudió el mundo del Beisbol y pensar que todo era felicidad unos días antes en la gran comida organizada por Dihigo.
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Siempre muy interesado en la política de su Cuba se marchó a La Habana en 1959 con la entrada de Fidel Castro al poder pensando que le iban a dar un cargo importante en el deporte antillano. Sin embargo fue nombrado director de deportes en la provincia de Las Villas y al paso de los años estaba desanimado y decepcionado del curso de la revolución comunista. 

Recuerdo haber leído una carta que le envió Dihigo a su gran amigo “Brujo” Rosell en que le pedía que hablara con los hermanos Pasquel que quedaban y con Alejo Peralta para que lo sacaran de Cuba y volver a México, pero no hubo poder humano que lo lograra. Castro no lo iba a dejar salir y el gobierno priista de entonces estaba muy ligado al gobierno comunista. Nunca más, desgraciadamente, volvimos a ver a Dihigo en México y todos sentimos muchos cuando llegó la noticia procedente de Cuba de que había fallecido el más grande de todos en los diamantes.
A principios de 1959, cuando Dihigo decidió regresar a Cuba, tuvo la gentileza de hablarme por teléfono al diario donde trabajé 44 años, el periódico deportivo La Afición de Fray Nano, para despedirse. Estaba muy entusiasmado con lo que estaba pasando en su querida Cuba y nunca olvidaré que el inmortal, el maestro, tuvo la amabilidad de hablarme para despedirse. Es algo que tengo guardado en mi corazón y en mi mente para siempre.
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Tuve la suerte de hacer muy buena amistad con Dihigo cuando como joven cronista de Beisbol me presenté con él una tarde en el Parque del Seguro  Social y le dije que había tenido la suerte de vivir en La Habana por cinco años de 1940 a 1945, y que tuve la oportunidad de verlo lanzar muchas veces con los Rojos del Habana. Le dije que era mi gran ídolo y desde entonces tuvimos una muy buena amistad.
Mi querido padre, que creció  en Alamos, Sonora, hizo carrera diplomática y fue enviado a la Embajada de México en La Habana a fines de 1939 siendo el embajador el famoso político y escritor José Rubén Romero, el autor del libro “La Vida InútiI de Pito Pérez” que tres veces se llevó a la pantalla, siendo Manue Medel, Ignacio López Tarso y Tin Tan los que interpretaron a ese célebre personaje.

CON MARIANAO
Muchas veces, cuando Dihigo no tenía trabajo, me sentaba al lado de él en el Parque del Seguro para hacerle preguntas y saber más de este gran deporte. En una ocasión me dijo que Jorge Pasquel no conocía bien, bien,  el juego del Beisbol, pero que su intuición lo hizo triunfador muchas veces. Cono la ocasión que le dio una base intencional con la casa llena al jonronero cubano René González en el Parque Delta.
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JORGE PASQUEL Y BABE RUTH
Como era también un gran bateador mucho se ha comentado al paso de las décadas sobre qué posición habría jugado Dihigo en caso de poder llegar a la gran carpa y aquel famoso manager cubano, también propietario de los Rojos del Habana, Miguel Angel González, pensaba que lo habrían puesto de tercera base o jardinero central para aprovechar su gran bateo. Sin embargo no puedo concebir que lo hubieran quitado de pitcher en donde era el número uno.

Sus duelos contra el pitcher americano “Jabao” Brown en la pelota cubana fueron épicos y los dos llegaron a abrir, completar y ganar dos juegos en un mismo día. En los tiempos que estuve en La Habana, Martín siempre fue parte de los Rojos del Habana y era feliz cada vez que me tocaba verlo lanzar.
Dos veces llegó a ganar 14 juegos en la temporada invernal cubana, una vez con Marianao y otra con el Habana, ganando un total de 106 juegos y con promedio global  de .642. Ya de retirado estuvo actuando  como comentarista en las transmisiones de radio de La Habana en los profesionales y obviamente tenía un gran auditorio la emisora en donde llegó a trabajar.

BRUJO ROSELL
Aunque un super amigo de Jorge Pasquel, el gran ego de los dos como ya lo comentó el mismo Maertro, evitó que estuvieran juntos más tiempo en un mismo equipo. Brujo Rosell le aconsejó que mejor no regresara a Cuba ya que los Pasquel lo iban a ayudar todo el tiempo que vivieran ya que era su consentido, pero Dihigo siempre tuvo ilusiones muy altas y al momento de la entrada de Castro no había deportista cubano más famoso que él, por lo que esperaba un buen puesto en el nuevo gobierno.
Durante sus tiempos en México y en Cuba, antes de los Castro, Dihigo era igualmente el prototipo de la moda, siempre muy bien vestido, traje con corbata, con sombrero que se usaba. Nunca se le encontraba mal vestido en la calle.
Igualmente de pelotero era el que más lucía con el uniforme, quien sabía cómo mantener su gran personalidad del número uno.
BETO AVILA
Dice Dihigo en sus memorias. “Nací el 25 de mayo de 1906 en la ciudad de Matanzas, provincia de Matanzas, en el número 40 de la calle Buen Viaje entre San Ignacio y San Cristóbal. Tenía cuatro meses de edad cuando mis padres, Benito y Margarita, se trasladaron al Central Jesús María en la misma Matanzas”
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En el último juego que tomó parte con Azules del Veracruz en el Parque Delta  el año de 1947 dice en sus memorias que estaba en el jardín derecho cuando se dio cuenta que ya debería retirarse, que ya no era el mismo, y al terminar la entrada y pasar por la tribuna de sol del jardín derecho tiró su guante a la porra del Diablos Rojos diciendo que se los regalaba porque ya nunca más lo iba a usar en su vida. Y al llegar a la caseta le dijo al manager que ya no deseaba seguir jugando y que se iba a marchar del Beisbol, hablando luego con Jorge Pasquel.
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Su gran amigo “Brujo” Rosell me dijo: “A Martín le encantaban las mujeres guapas. Ese era su pasatiempo. Tuvo su señora, tuvo sus novias, tuvo sus amigas. Era un admirador del Beisbol y de las mujeres. Muchas veces salí con él buscando acción pero no le podía aguantar el paso”.
“Martín era un campeón dentro y fuera del diamante. Era “ñáñigo”, conocía el dialecto de esa gente y bailaba su ritmo. Era uno de ellos. Le gustaba bailar y lo hacía bastante bien, aunque no era el mejor de todos a la hora de bailar. Silvio García era el mejor bailarín.”
“También a Martín le encantaba la comida y al igual que yo aprendimos a cocinar y cocinar bien. Un día le tocaba a él, otro a mi cuando había fiestas. Cuando pude regresar a Cuba en 1986 ya había muerto el gran Martín en 1971. Fue Martín el mejor que he visto, el mejor jugador. Y fue, el mejor amigo.”
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Buck Leonard, aquel gran bateador y primera base de color, me dijo: “Dihigo es el jugador más completo que he visto en mi vida, el mejor para todas las posiciones. Podía correr, batear, tirar, pensar, pitchear y manejar también. Estuve en el Beisbol 23 años y nunca vi uno mejor que él. Además era un gran cocinero. Nunca había un momento aburrido a su lado y su categoría fue inmensa.”
Tanto Dihigo como Buck Leonard, entre otros estrellas de color, fueron elegidos para el Salón de la Fama del Beisbol en Coopestown a pesar de nunca haber jugado en las Ligas Mayores.
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Buck Canel, aquel famoso cronista de la radio, el de los juegos en español de Ligas Mayores, me dijo: “Roberto Clemente fue formidable pero si me preguntas de un pelotero sobre todos los demás, ese lo fue Martín Dihigo. Todo lo podía hacer bien.”
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René Molina, por años y años muy famoso cronista de Beisbol en Cuba, me dijo: “Dihigo tuvo una categoría inmensa. Antes que todo era un pitcher notable, es decir, mejor lanzador que otras cosas. Fui buen amigo de él y lo vi mucho en los treinta y los cuarenta, como comentarista de Beisbol fue muy analista por su sabiduría Pero estoy seguro que fue mejor pitcher que bateador y analista. El número uno.”
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Fermín Guerra, famoso cátcher cubano, me dijo una vez en Miami durante una de       las Series del Caribe que allí se celebraron:
“Si Martín Dihigo jugara en la actualidad no habría dinero suficiente para pagarle ya que habría ganado todos los millones del mundo. Tuve oportunidad de catchearle y tiraba más duro que los pitchers a los que trabajé en las Ligas Mayores por 10 años. Una vez ganamos el campeonato con el Marianao en los años treinta con él lanzando el doble juego del sábado para ganarlo y volviendo a lanzar el lunes para el juego del campeonato. Fueron grandes duelos contra aquel pitcher americano “Jabao” Brown. Martín es el mejor pelotero que ha producido Cuba y además era un gran bateador y podía jugar bien en cualquier posición.”
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Pedro Ramos, por muchos años pitcher cubano en Grandes Ligas, lo dijo en forma más concisa: “Es fácil describir a Dihigo. Todo lo mucho que se ha dicho de él, de su grandeza, de todo, pero todo, es cierto.”.
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Beto Avila me dijo. “Dihigo fue el mejor pitcher de su tiempo en el Beisbol que jugamos y estoy seguro que hubiera sido estrella en Grandes Ligas. Pienso que no lo vimos en toda su potencialidad ya que era mucho mejor que todos los contrarios y por eso hubiera sido formidable verlo en Ligas Mayores. Cuando llegué a batear contra él me sentía feliz si le daba un hit porque era el mejor de todos, una gran velocidad y gran control. Y fue una persona muy educada, con vastos conocimientos de Beisbol.”
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LA PLACA EN COOPERSTOWN

Son tantas las hazañas de Martín Dihigo  que se necesitaría una enciclopedia para él solo, pero creo que lo dicho de él se demuestra en el play off de 1937 en que se enfrentaron el Aguila de Veracruz en donde jugaba contra el Agrario de la capital. Fue una serie al que ganara tres de posibles cinco juegos y Dihigo procedió a ganar cada uno de los tres encuentros, abriendo y terminando, ayudando igualmente con su bat.
La serie comenzó el 10 de octubre de 1937, el primer año que llegó Dihigo a la Liga Mexicana, y los dos primeros juegos fueron en el puerto de Veracruz. El famoso cronista  Alejandro Aguilar Reyes, Fray Nano, fue al puerto con otros periodistas de la capital en lo que era algo así como nuestra Serie Mundial. Agustín Verde, cubano también, era el manager del Aguila y al enfrentarse a Basilio “Brujo” Rosell, Dihigo ganó el duelo 3-2. Un hit de Taco Martínez produjo la carrera decisiva que fue sucia contra Rosell. Dihigo cubrió la ruta en seis hits, dos carreras y 11 ponches.
Después de un solo día de descanso se jugó el segundo de la serie en el mismo puerto y Dihigo estuvo nuevamente abriendo por el Aguila contra el estrella mexicano Alberto Romo Chávez que le había ganado a los Atléticos de Filadelfia 2-1 en un juego memorable en 1937. Romo estaba lastimado,  según se dijo, y explotó pronto, ganando Dihigo y el Aguila 7-2 para tomar ventaja de dos juegos a cero en la serie por la corona, Estaban a un triunfo del título cuando la serie se trasladó a la ciudad de México.
El tercer partido fue el 16 de octubre en el Parque Delta de la capital y con tres días de descanso estuvo Dihigo de regreso a la lomita contra Romo Chávez nuevamente. Dihigo ayudó en la ofensiva al conectar un triple con la casa llena que puso el juego fuera del alcance del Agrario. Cuando Martín dio ese triple de tres carreras el juego estaba empatado a dos, terminando el juego 6-4. De esta manera Dihigo lanzó, completó y ganó cada uno de los tres juegos del play off por la corona, algo nunca visto que tampoco se volverá a ver.
Los aficionados de Veracruz dijeron con ironia: “El primero lo ganó Martín, el segundo el Maestro y el tercero, el Inmortal.” En el tercero y último ya Dihigo debe haber estado un poco cansado ya que solo ponchó a cinco.
TOMMY AL BAT
Una ocasión le pregunté al famoso doctor Cuauhtemoc Reyes el por qué en aquellos tiempos los pitchers podían lanzar con casi nada de descanso, de un día para otro, pero  no hay posible respuesta a la pregunta. Así sucedían las cosas antes y así suceden ahora. ¿Brazos de hierro?. Lo cierto es que antes lo podían hacer los lanzadores y actualmente no. Eso es lo único seguro.
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Para 1938 el Agrario trajo al famosísimo Satchel Paige para tratar de vencer a Dihigo pero las dos veces que se vieron las caras, Martín fue el ganador. Y el cuatro de junio de 1938 en el Parque Deportivo Veracruzano, Dihigo impuso la marca de 22 ponches en un juego de 13 entradas en juego que el Aguila le ganó 1-0 a los Tigres de Comintra de Manuel Oliveros. Solamente dio una base por bolas.
De  esta manera Dihigo tiene el record de 18 ponches en juego de nueve entradas y de 22 ponches en extra innings.
En el juego clave por el campeonato del Aguila en 1938, Dihigo le ganó a Satchel Paige y además bateó seis hits en seis veces al bat, siendo el primer jugador de la historia de nuestra liga en tener un 6-6 en una jornada. Dihigo dio cuatro sencillos, un jonrón y un doblete en esa tarde fantástica. Fray Nano describió el jonrón de Dihigo en la séptima entrada como “un señor palazo”.
Como dijo Pedro Ramos en pocas palabras: “Es fácil describir a Martín Dihigo. Todo lo mucho que se ha dicho de él, de su grandeza, todo, pero todo, es cierto”.

El sábado 19 de julio de 1947 contra Fred Martin de los Rojos del México y que había traído Jorge Pasquel de los Cardenales de San Luis, bateó Dihigo el último hit de su vida. Martín estaba jugando con los Azules del Veracruz donde su admirador Jorge Pasquel lo acomodó. En ese mismo juego el igualmente cubano Roberto Ortiz conectó de jonrón para los Diablos por lo que se marchaba el número uno, el gran ídolo de su tiempo, y los reflectores apuntaban hacia un nuevo héroe beisbolero, el jonronero  Roberto Ortiz.
Así es la vida. Unos se van y otros llegan, como la puerta revolvedora de un hotel de categoría.

2 comentarios:

  1. Saludos don Tommy no hay nada que agregar. Un abrazo. Gilberto Dihigo

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  2. un saludo don tommy de la laguna tierra del union laguna casa de don martin dihigo en los 40,sc

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