Por muchos años me ilusionaba al pensar que, con el tiempo, iba a poder tener un diario de solamente BEISBOL, lo cual resultó una idea imposible de realizar. Afortunadamente logré parte de mis sueños al poder armar una página de internet que me permite recordar a los grandes héroes y los momentos inolvidables que ha tenido el rey de los deportes en su glorioso pasado.

Tomás Morales Fernández

lunes, 30 de junio de 2014

PEDRO ATUNEZ

UNA TRAGICA HISTORIA

PITCHER CAMPEON  DE LIGA
MEXICANA FUSILADO POR
LA REVOLUCION DE CASTRO

PEDRO ANTUNEZ
EN la temporada de 1950 fue el super pitcher de la Liga Mexicana al terminar como el lanzador campeón con un increíble promedio en carreras limpias de 1.87 y ser el lanzador principal de los Tecolotes de Nuevo Laredo después que lo obtuvieron del Aguila de Veracruz en donde el manager Martín Dihigo no lo quería ni ver pintado ya que había tenido malas actuaciones con el equipo porteño.


En realidad el éxito de Antúnez llegó en forma inesperada ya que hasta que se hizo estrella con los Tecolotes no había podido demostrar que era un buen pitcher. Su debut en Liga Mexicana fue en 1948 con los Diablos Rojos del México en donde solo tuvo ocho juegos con un promedio tan alto como 8.10 por lo que lo dieron de baja.
ANTUNEZ CON NUEVO LAREDO
Pedro Antúnez había dejado el ejército cubano donde trabajaba para hacerse pelotero y en 1949 hizo un nuevo intento con el Aguila de Veracruz con el que tuvo una horrible campaña de 4-14 aunque mejoró a 4.00 en efectividad.

Para 1950 le dijeron al manager Martín Dihigo que Antúnez  había progresado una barbaridad y lo volvió a tener en el Aguila al comenzar la campaña de la Liga Mexicana pero no le pudo dar buenos juegos y lo pasó al Tecolotes de Nuevo Laredo, un equipo que terminó último en la primera mitad y penúltimo en la segunda vuelta, pero aun así, Antúnez se convirtió en el mejor pitcher de la campaña con record de 16-10 y 1.87 en efectividad. Finalmente Antúnez se había encontrado como lanzador y ya podía  manejar sus lanzamientos de una manera que era muy difícil vencerlo.


ANTUNEZ CON MONTERREY
Recuerdo  haberlo conocido después de uno de los juegos de esa temporada en el Parque Delta cuando bajé al terreno de juego y cerca de la caseta escuché unas palabras con el pitcher del momento. En ese año mi primo Pepe Pérez, de Huatabampo, Sonora, había  venido a la ciudad de México para estar unos meses y arreglar unos asuntos. Mi primo Pepe era agricultor y sembraba el tomate en el terreno que tenía. En sus días en la capital y como buen enamorado del Beisbol, íbamos juntos a ver los juegos en el Parque Delta.  En ese año de 1950 estaba estudiando mi primer año de preparatoria en el colegio Cristóbal Colón.
Pepe era muy tratable, un super amigo y además muy conversador. Después de los juegos me decía que bajáramos al terreno para estar cerca de los peloteros y hablar con el que se pudiera.
De esa manera y por primera vez en mi vida, bajé al terreno de juego para estar cerca de los peloteros y tratar de hablar con ellos. Hicimos amistad con el primera base cubano “Chiquitín”  Cabrera y con su esposa e hijos pequeños que lo alcanzaban en el terreno  al terminar los juegos. Ese año de 1950 fue Lorenzo “Chiqutín” Cabrera el campeón  de bateo en la Liga Mexicana al batear .355 y luego imponer el record de bateo en una Serie del Caribe. No era jonronero y solo bateó un cuadrangular ese año pero era de gran consistencia.

ANTUNEZ CON EL AGUILA
En otra de las ocasiones que bajamos al terreno de juego saludamos y felicitamos a Pedro Antúnez que acababa de lanzar y ganar esa tarde a los Diablos Rojos. En lo particular tenía  18 años y mi primo Pepe, más grande, era el que llevaba la plática. Le comentó a Antúnez. “El “Maestro” (Dihigo) debe estar que no le calienta el sol por haberte dejado ir del Aguila.”
Antúnez volvió a la Liga Mexicana en 1951 para ganar 14 juegos con el mismo Nuevo Laredo pero ya con 3.36 en efectividad. En 1952 bajó a 5-10 por lo que en 1953 ya estaba con los Sultanes de Monterrey en donde volvió a la senda victoriosa con 13-7 y 3.26. En 1956, tras dos años de ausencia, hizo un retorno a la Liga Mexicana con el Aguila y no hay duda que ya estaba lastimado del brazo al tener solamente 1-5 con 6.00.
En siete temporadas de Liga Mexicana tuvo record de 54-55 y 3.30 en carreras limpias. También estuvo lanzando en la Liga Peninsular Mexicana y al no volver ya nadie habló de él.
MARTIN DIHIGO
Al regresar a Cuba en 1956 volvió al trabajo que tenía antes de ir a probar fortuna en la pelota profesional, el ejército cubano. Allí estuvo como soldado de planta cuando el gran jefe  de la isla lo era el General Fulgencio Batista. Por esos años no era muy tranquila la vida del soldado cubano ya que Fidel  Castro y su hermano Raúl dirigían una revolución desde Sierra Maestra, las montañas orientales cubanas. Comenzaron a explotar bombas en La Habana, había protestas agresivas, había peligro y varios soldados como Antúnez habían sido acribillados a balazos mientras dormían en el Cuartel Moncada en aquel 26 de julio en que atacaron los hermanos Castro y sus seguidores.
Los años pasaron, Batista se fue, Castro llegó a La Habana para establecer un gobierno que tal y como se esperaba se convirtió en una dictadura.
Fue durante los primeros días de la llegada de los Castro que mi amigo Silverio Pérez, aquel buen pitcher zurdo y luego buscador por muchos años de los Angeles de California, me dijo un día la mala noticia de que el pitcher Pedro Antúnez, que había sido el gran campeón de 1950 entre los serpentineros de nuestra liga, había sido fusilado en el paredón que puso de moda Fidel Castro contra los enemigos de su  revolución.
Los oficiales de alto rango lograron escapar de La Habana antes que llegara Castro pero la mayoría de los soldados no pudieron
MAX LANIER
 salir y quedaron a merced de los ganadores. Antúnez fue acusado por alguien y en esos juicios tan rápidos como un ciclón, los mandaban al paredón.
En ese tiempo el mundo se aterrorizó al ver como muchos cubanos fueron a parar al paredón para ser fusilados pero nadie sabe la cifra de cuántos fueron pasados por las armas, cientos, miles…..  ya que los ganadores nunca dan a conocer las cifras.
Los peces gordos que tanto querían fusilar los ganadores lograron escapar en su mayoría  pero los que no tuvieron  suerte, ya fueran policías o soldados, se quedaron para esperar misericordia de los ganadores.
Es una desgracia en tantas  guerras que ha habido que el ganador nunca haya tenido piedad con los perdedores. Acusan de asesinos a los vencidos y al paredón.
-o-
El que Pedro Antúnez haya ganado un título de pitcheo con un promedio debajo de las dos carreras limpias por nueve entadas nos hace ir a ver la lista de los lanzadores que han logrado los títulos con una efectividad impresionante.
En 1937 el pitcher mexicano Alberto Romo Chávez logró un tremendo 0.76 pero con solo nueve juegos lanzados en una muy breve temporada. Ya en 1938 el verdadero record al respecto debe ser el del formidable Martín Dihigo que en un total de 22 juegos tuvo 0.90.
En 1939 un pitcher americano de color que tiraba muy duro, Johnny Taylor, fue el mejor con 1.19.


PASQUEL Y EL PRESIDENTE AVILA CAMACHO
Es hasta 1946 que hay otro campeón con menos de dos carreras limpias, el tremendo zurdo Max Lanier que había dejado a los Cardenales de San Luis para venir a jugar con los Azules del Veracruz de Jorge Pasquel en la Liga Mexicana, fue el primero con 1.93. Sigue en la lista el citado Pedro Antúnez con 1.87 en 1950. con el derecho mexicano Chuy Moreno teniendo una super campaña de 1.75 con los mismos Tecolotes de Nuevo Laredo. Era un pitcher bajito y gordito.
FRANCISCO CAMPOS


Es hasta 1965 que el derecho de color americano, Frank Barnes, es el mejor con 1.58 al lanzar para los Broncos de Reynosa.
En 1958 fue la super temporada del boricua James Horsford, derecho de color que con el mismo Broncos ganó el campeonato con 1.59. Un año después pes el zurdo Salvador Sánchez del mismo Broncos detuvo su efectividad en 1.84 con los mismos Broncos.
A Salvador lo habíamos visto lanzando para los Cachorros de Alfonso Díaz y fue este muy buen amigo el que lo mandó al Broncos ya que era buscador de ese tim.
Fueron esos los años de gran pitcheo y en 1970 que Alfredo Mariscal con Leones de Yucatán terminó como campeón con un eléctrico 1.85.


ANDRES AYON
En 1971 el gran pitcher cubano Andrés Ayón, con Saltillo, dejó un fantástico i 1.22 y un año después el zurdo Alfredo Meza de los Tigres. El apodado “lobito”, tuvo un impresionante 1.83.
Para 1973 el abridor y relevista Manuel Lugo de los Charros de Jalisco tuvo 1.60 y en 1974 el zurdo boricua, Juan Pizarro, gran contratación de Chara Mansur con Cafeteros de Córdoba, logró 1.57. Siguió en 1975 el zurdo Ricardo Sandante de Poza Rica con 1.42, Gary Ryerson de Alijadores de Tampico en 1976 con 1.52. Horacio Piña de Aguascalientes en 1977 con 1.70, Michael Nagy de los Plataneros de Tabasco  con 1.70 en 1978 y quien apareció en el disco del club que grabó el inolvidable Chico Che.
Siguió la racha de gran pitcheo  en 1977 con Rafael García de los Indios de Ciudad Juárez con 1.69 en 1979, Gilberto Rondón del Leones de Yucayán en 1980 con 1.44,  Angel Hernández de Saltillo con un increíble 1.13 en 1981, Vicente “Huevo” Romo con Azules de Coatzacoalcos con 1.40. En 1982, Ernesto Córdoba del Aguila con 1.58, en 1983  Arturo González de Monterrey  con 1.92. Terminó  allí una racha de 17 años con pitchers ganando la corona de pitcheo con menos de dos carreras limpias por nueve entradas.

VICENTE ROMO

El siguiente en el círculo selecto lo fue el zurdo Mercedes Esquer del Yucatán en 1989 con 1.98, en 1994 lo logró Leo Meza del Aguila con 1.67, seguido en 1995 por Cecilio Ruiz que con Tabasco tuvo 1.72. Para 1996 se puso en el libro de oro el relevista Sixto Báez con 1.54 con la franela de Poza Rica
En 1997, Emigdio López de Tabasco terminó  con 1.91, Angel Moreno en 1998 con Yucatán en 1.96.
Brincamos hasta el 2001 cuando el fortachón Ravelo Manzanillo de Yucatán tuvo 1.92. En el 2002, el zurdo Edgar Hurtado de Cancún con 1.38
El zurdo Dan Serafini de Monterrey logró 1.59 en 2003 y Francisco Campos de Campeche un año después con un idéntico 1.59. Y este fue el último lanzador con promedio de efectividad difícil de creer en una liga más famosa por su bateo.

Es una lista de 27 lanzadores los que  han logrado a través de 1937 a la fecha tener promedio debajo de las dos carreras por juego, uno de ellos el malogrado Pedro Antúnez que tuvo un final tan trágico como el ya citado. Y la pesadilla cubana continúa desde que comenzó en 1959 con los gritos que pedían paredón para los vencidos.               

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