Por muchos años me ilusionaba al pensar que, con el tiempo, iba a poder tener un diario de solamente BEISBOL, lo cual resultó una idea imposible de realizar. Afortunadamente logré parte de mis sueños al poder armar una página de internet que me permite recordar a los grandes héroes y los momentos inolvidables que ha tenido el rey de los deportes en su glorioso pasado.

Tomás Morales Fernández

martes, 4 de noviembre de 2014

JORGE PASQUEL VISTO

POR ELADIO SECADES





ELADIO SECADES A LA IZQUIERDA CON JORGE PASQUEL
ELADIO SECADES fue considerado por muchos años el mejor redactor de Beisbol en la historia de Cuba y sus crónicas y columnas fueron las más  prestigiadas en el “Diario de la Marina” que murió como los otros muchos periódicos  cubanos al implantar Fidel Castro la dictadura comunista. Desde entonces solamente circula en Cuba el diario oficial llamado Gramma. No hay de otra.
Como millones de cubanos, Eladio Secades se fue al exilio, dejando en Cuba lo que había ganado en su exitosa carrera de escritor. Tras trabajar unos meses en la ciudad de México, sin que nadie le diera oportunidad de mostrar sus grandes talentos, se fue  a vivir a Estados Unidos y me han dicho que pasó sus últimos años viviendo en Nueva York.
Curiosamente los libros que escribió no fueron sobre Beisbol sino sobre las costumbres cubanas. Cuando en 1955 los hermanos de don Jorge se propusieron hacer un libro sobre su famoso hermano, le pidieron a los dos cronistas más famosos de México y Cuba que escribieran capítulos sobre la estancia del magnate en el Beisbol. Ya pusimos en este blog lo que escribió “Fray Nano” en ese libro y ahora vamos a ver lo que escribió  Eladio Secades.

SU RESPONSABILIDAD
ANTE EL
BEISBOL MUNDIAL

POR ELADIO SECADES  

Primera Parte


TRANSCURRIDA UNA DÉCADA  de aquel proceso que conmovió los cimientos del beisbol organizado y que provocó cambios impensados en sus reglamentaciones, todavía los críticos deportivos se siguen preguntando qué sentimiento, qué vigorosa convicción animó a Jorge Pasquel a suscitar y a sostener aquella guerra que infirió pérdidas incalculables. El reto sin precedentes a los magnates de las Ligas Mayores, los recursos puestos en juego para provocar el tránsito de tantas estrellas del diamante a través de las fronteras, la fortuna que costó semejante cruzada, son acontecimientos que describen el carácter del hombre que se atrevió a lo que nadie se había atrevido y a lo que seguramente nadie se atreverá en los años que nos quedan por vivir. La existencia de Jorge Pasquel estuvo regida por ese signo de acción enérgica, de iniciativas impetuosas, de lucha sincera pero atrozmente apasionada. Su elemento era ese. El concepto que tenía de la dedicación al trabajo, de la amistad devota, el interés que le inspiraban los empeños que se proponía realizar, quedan compendiados en el amor que sentía por el deporte.



JOSHUA GIBSON
Si a un hombre sin fortuna le preguntasen el precio de las luchas, de los desvelos, de las responsabilidades que a través del beisbol se echó encima Jorge Pasquel, hablaría de recompensas capaces de justificar el martirio que representa el tener que luchar con atletas profesionales.
Cada atleta profesional es un mundo de orgullo humano, de aspiraciones artísticas, de caprichos de genio que es, o que se imagina serlo.
Es cosa excepcional el jugador de pelota que después de tener una temporada brillante no siente en la imaginación la droga maldita de la celebridad. El aplauso de la galería. El elogio impreso ciega, aturde, confunde, endiosa. Por un peso de menos o por unas palabras de más, puede herirse de muerte la frágil vanidad de cualquier eminencia del deporte. Precisamente por eso la de contratar atletas es misión que justifica el desvelo de un hombre y hasta la ruina de un carácter.

Se comprende que tan pesada cruz pueda cargarse por obligación inviolable, pero nunca por simple deleite del espíritu. La dedicación de Jorge Pasquel al beisbol, echando por delante su fortuna, su trabajo, sus influencias y sus energías inagotables, era admirable, por lo mismo que no ocultaba afán de lucro. Las batallas libradas por él en el pasatiempo, en cualquier otro sector de la actividad comercial le hubiesen proporcionado jornadas más gratas y frutos más pródigos.
¿Por qué se empeñó en darle y positivamente le dio a México campeonatos mucho más grandes de lo que el mercado local podía sostener, de acuerdo con los ingresos registrados en las taquillas?
Porque era un hombre de anhelos vehementes y toda esa gran vehemencia suya la puso a la disposición del beisbol, por cuya divulgación hizo lo que no ha hecho magnate alguno en punto a inversiones que por fabulosas, por audaces y por espectaculares, se ha hecho memorables.
MARTIN DIHIGO
LO QUE EN OTRO DEPORTISTA  hubiera parecido temeridad inexplicable, en Jorge Pasquel era exactamente una manifestación lógica de su espíritu y de su gran corazón, inclinado siempre a las concepciones espectaculares, a las metas difíciles de alcanzar, a las empresas gigantescas y a veces hasta fabulosas.
El punto de inicio de la memorable pugna con los circuitos organizados radica en la simpatía, en el cariño exaltado que Jorge Pasquel sentía por el llamado beisbol independiente y por los colosales peloteros que actuaban en los campeonatos libres celebrados en los países de la América Española, donde el pasatiempo a través de ellos ha cobrado arraigo. A convicción de Jorge Pasquel, la calidad de pelota que jugaban atletas de la talla artística de Martín Dihigo, Ramón Bragaña, Lázaro Salazar, Raymond Brown, Talúa Dandridge, Wells, Gibson, etc., nada tenía que desear y nada tenía que aprender del espectáculo ofrecido a enormes públicos en los estadios de las Ligas Mayores.


AZULES DEL VERACRUZ DE PASQUEL DIHIGO AL CENTRO SEGUNDA FILA 
El beisbol que Jorge sentía, que llevaba en el alma, que consideraba propio, era ese beisbol postergado y humillado a pesar de su grandeza. Protestaba muchas veces de que se titularan Series Mundiales los clásicos torneos de otoño porque, a sentimiento suyo, a creencia apasionada suya, un equipo formado por eminencias de las competencias libres hubiera podido superar a los campeones del mundo. . .
Cierto que Jorge Pasquel soñó proporcionarle a su patria un beisbol con estrellas de renombre y sobre ese afán, convertido en ideal apoyado por su amor propio, sentido como él sentía todas las cosas, enfiló los cañones a las listas de reservas que entonces se consideraban menos vulnerables y más sagradas de lo que hoy día son. . . En apariencia, el motivo de las ofertas inverosímiles, de las contratas sensacionales y de las deserciones casi en masa, era ese de elevar el prestigio internacional del beisbol mexicano, situándolo a la altura del que se juega en las Ligas Mayores. Pero
GIBSON EL CATCHER
en el fondo ---como si dijéramos en el subconsciente--- Jorge Pasquel ya estaba situado frente a los magnates a quienes arrastró al conflicto, que en definitiva benefició al deporte y arrojó frutos de provecho para los peloteros, que pudieron plantear demandas y exigir reivindicaciones que hasta entonces ni siquiera se habían atrevido a concebir.


DIBUJO DE BABE RUTH Y JOSH GIBSON 
Antes del ataque histórico a las listas de reserva, Jorge Pasquel insistía en que para llamarse campeones mundiales de verdad, los ganadores de la serie tradicional entre los triunfadores de las Ligas Nacional y Americana debían probar supremacía sobre los héroes relegados y anónimos del beisbol libre, por los que sentía admiración, muy honda. El creía que una novena independiente que tuviese en la receptoría al Chimpancé Gibson y en la trinchera de los lanzamientos a un Ramón Bragaña, a un Martín Dihigo, a un Raymond Brown ---entre otros que también podrían mencionarse--- hubiera sido digna y peligrosa adversaria de los mejores Yankees.
Y abrigaba la convicción de que no se podía jugar más de lo que jugaba Mamerto Dandridge en el cuadro, ni elevar la excelencia del deporte más allá de la altura asumida por los grandes peloteros que agotaban largas y muy gloriosas carreras sin poder llegar a los circuitos organizados. . . Lo que promovió más tarde el derroche de dinero y energías puesto a la disposición de la cruzada que se inició en 1946, las deserciones a través de las fronteras, los contratos que al anunciarse despertaban asombro.


Todo eso estaba inspirado en el fenómeno de contrariedad y de rebeldía que en un hombre del temple de Jorge Pasquel había producido el desdén sufrido hasta entonces en silencio por el beisbol que él consideraba algo entrañable, algo propio. . . Su ánimo, tal vez sin saberlo él mismo, estaba predispuesto a la guerra de intereses, a la competencia sin cuartel que promovió más tarde.
AHORA, ALEJADAS AQUELLAS LUCHAS por el tiempo que ha transcurrido y por las pasiones que han desaparecido, es fácil comprobar que Jorge Pasquel sustentaba una gran verdad, moral y deportiva, cuando insistía en que el prototipo del buen jugador del besbol independiente, que tanto hizo por el desarrollo del deporte en México, en Cuba, en Panamá, en Venezuela, en Santo Domingo y en Puerto Rico, merecía igual crédito artístico que los ases del diamante que llegaban a la aristocracia de las Ligas Mayores. . . Las puertas del beisbol organizado se abrieron un día para Jackie Robinson y ha tenido que transcurrir poco tiempo ---como si dijéramos un instante en la historia del espectáculo--- para que quedase de manifiesto el crimen que se había cometido con los elementos representativos de los torneos independientes. . Continuará



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