Por muchos años me ilusionaba al pensar que, con el tiempo, iba a poder tener un diario de solamente BEISBOL, lo cual resultó una idea imposible de realizar. Afortunadamente logré parte de mis sueños al poder armar una página de internet que me permite recordar a los grandes héroes y los momentos inolvidables que ha tenido el rey de los deportes en su glorioso pasado.

Tomás Morales Fernández

jueves, 6 de noviembre de 2014

JORGE PASQUEL VISTO
POR ELADIO SECADES

El formidable cronista deportivo Eladio Secades escribió en el libro sobre la vida de Jorge Pasquel la guerra beisbolera entre las Ligas Mayores y la Liga Mexicana. Eladio Secades, pluma principal de aquel formidable periódico cubano ”Diario de la Marina”,  fue un genio de la crónica escrita y es un placer volver a leerlo en esta reproducción de lo que escribió en aquel libro publicado en 1955.

Por ELADIO SECADES
Tercera Parte

BERNARDO PASQUEL, JORGE PASQUEL, LOU KLEIN Y MARIO PASQUEL
DESPÚES DE UNA ENTREVISTA con su hermano Jorge, Bernardo Pasquel salió rumbo al Norte con el propósito inviolable, con la consigna firme de adquirir un short-stop para el Veracruz. En el viaje fueron contratados cinco figuras extraordinarias de las Ligas Mayores: Adams, Feldman, Max Lanier, Fred Martin y Lou Klein. Este último ocuparía el puesto que había quedado vacante al producirse la espantada de Vernon Stephens.
Bernardo Pasquel fue perseguido. Lo vigilaron noche y día. Compareció ante los tribunales de justicia. . . En ese momento ya México se había llevado un número crecido, un alarmante número de peloteros de las Mayores, y las novenas más afectadas eran la de los Cardenales de San Luis y la de los Gigantes, que perdieron nada menos que nueve jugadores de verdadero prestigio beisbolero. . .
El esfuerzo realizado era tan grande, que se esperaban pérdidas en el campeonato, a pesar del respaldo popular que encontró la cruzada de los hermanos Pasquel.


LOU KLEIN, IMPUSO RECORD DE JONRONES EN UNA CAMPAÑA CUBANA CON 16 AL JUGAR CON EL HABANA Y FUE CAMPEON BAT TAMBIEN 
Todos esos peloteros llevados a México iban ganando, a pesar del gravísimo inconveniente del cambio de la moneda (entonces cada dólar valía cinco pesos nacionales), sueldos dos o tres veces mayores de los que estaban percibiendo en Norteamérica. Pero se hablaba de lo que, fatalmente, no llegó a convertirse nunca en realidad: de la construcción de un estadio nuevo, gigantesco, que fuese orgullo del Distrito Federal y que estuviese a tono con la empresa fantástica y casi inverosímil.


MICKEY OWEN Y LUIS OLMO CON DODGERS
HABÍA QUE RECONOCERLO y la verdad histórica es que lo reconocieron hasta las propias víctimas de aquella cruzada fabulosa: organizaciones que lucían omnipotentes, que permanecían aisladas en un plano exento de todo riesgo de competencia, se estremecían al influjo de la voluntad y del espíritu de empresa de Jorge Pasquel. Lo primero notable en Jorge Pasquel era la sinceridad franca, a veces hasta explosiva, despojada de todo sentido de diplomacia.
Aun cuando se equivocaba, el corazón iba por delante. Lo segundo que se advertía en él, era un criterio hermético y exclusivo de la amistad.

SAM BREADON DUEÑO DE CARDENALES

De sus verdaderos amigos, hablaba como si éstos formaran un círculo aparte y privilegiado y como si él sintiera siempre la responsabilidad de protegerlos.
Ese carácter firme y apasionado rigió el reto del beisbol mexicano al beisbol organizado. Las incursiones que al principio tenían apariencia de escaramuzas, degeneraron en la guerra a muerte que motivó cambios urgentes en las legislaciones del espectáculo. . .
Los Dodgers de Brooklyn ya habían perdido el receptor Mickey Owen y a Luis Rodríguez Olmo; los Gigantes, entre otros a Hausmann, a Gardella, a Napoleón Reyes, a Feldman; los Atléticos de Filadelfia, a Roberto Estalella; los Cardenales, a Klein, a Fred Martin, a Max Lanier. . .

MAX LANIER Y AGAPITO MAYOR
Y cada día se anunciaba otra contrata, cada fecha significaba otro ídolo que escapaba de las listas de reservas y emprendía la ruta a la frontera. . .
Y así el viejo magnate Sam Breadon, Presidente del San Luis de la Liga Nacional, marcha a México por sorpresa y se apersona sin previa presentación en el Parque Delta, interesándose en hablar con Jorge Pasquel, para llegar a un entendimiento, para ponerle término al conflicto, para izar por propia cuenta la bandera de parlamento. . . Hombre de negocios, Breadon en ese momento no tiene confianza en una paz absoluta; no espera una acción conjunta.
Quiere, sencillamente, establecer con los deportistas mexicanos una especie de pacto de no agresión. Un entendimiento no escrito, sino verbal. . .



Una visita a las oficinas de la calle de Ramón Guzmán, una tarde en el palco de la familia en el estadio de la Ciudad de los Palacios, un afectuoso apretón de manos y regresó tranquilo. . .
LUIS OLMO
LA PRIMERA MANIFESTACIÓN oficial del viaje a México la hizo Sam Breadon en la Asamblea de magnates de Ligas Mayores verificada el día 9 de julio del año de 1946, con motivo del clásico Desafío de las Estrellas. Tratándose de un asunto absolutamente confidencial, no se dio noticia a la prensa, pero hubo un reportero que movió los cordones, tiró de la manta, unió las apariencias visibles al sentido de adivinación que radica en todo periodista de clase y llegó a la conclusión de que mister Sam Breadom estaba convencido de que los hermanos Pasquel se hallaban dispuestos a llevar la guerra al grado y al extremo que fuesen necesarios.


Estaba convencido de que iban a seguir pagando los peloteros norteamericanos a precio de oro y que ya habían ordenado los planos para la construcción en plena capital mexicana de un estadio de acero y concreto con capacidad para cincuenta mil espectadores. . .
Al Cardenales, que era el club de Sam Breadom, la desbandada de uniformes le significaba una pérdida de más de doscientos mil dólares por la ausencia de Max Lanier, Fred Martin, Lou Klein. Antes de que el Comisionado Cha
DANNY GARDELLA
ndler tomara medidas enérgicas y ordenara represalias nada saludables, Sam Breadon pretendió darle forma a un proyecto mediante el cual México sería incluido en los circuitos organizados con clasificación Triple A.
LO QUE DOS AÑOS ANTES hubiera tenido proporciones de sueño absurdo, empezaba a lucir viable, porque al influjo de las conmociones que experimentaba el pasatiempo, cedían los prejuicios raciales mantenidos a través de tantísimos años. . . El beisbol de México, como el beisbol independiente de las naciones de la América Española, estaba sostenido casi en un setenta por ciento por estrellas de la raza de color. . .


LUIS OLMO EN EL PARQUE DELTA
El optimismo de Sam Breadon, el respeto a la mesura con que aludía a los hermanos Pasquel, calificándolos de excelentes deportistas, su criterio sobre México, considerándolo tierra de inmensas posibilidades deportivas, eran detalles que ratificaban plenamente el propósito de hermandad, de reconciliación, de paz.
Breadon tenía la certeza de que, de no firmarse un pacto de reciprocidad entre los intereses beisboleros de Estados Unidos y los de México, la primavera próxima todos los equipos de Grandes Ligas iban a tener ---como tuvieron--- muchas dificultades para firmar a sus peloteros más populares. 


SAM BREADON Y SU GERENTE DE CARDENALES
Breadon sabía que la brecha estaba abierta y que mientras México fuese factor pujante en el panorama de la pública subasta, tendría que irse a una política de aumento de sueldos y de concesiones en los contratos de trabajo. . .
El miedo a las irradiaciones, a las listas negras, a los castigos de escarmiento, había desaparecido, porque contra todas las amenazas ya estaban jugando en México Gardella, Olmo, Maglie, Max Lanier, Feldman, Mickey Owen, etc . . .
CONTRARIOS A FIDEL


En esa guerra con México, Sam Breadom no vislumbraba otra perspectiva que la inflación, la marcha funesta a los sueldos prohibitivos. . .
La perspectiva de que los circuitos organizados tuvieran que ceder lo que efectivamente cedieron después.
Sam Breadon intentó hacer el viaje a México de incógnito, en medio del secreto más profundo.
Para pasar inadvertido, sólo debía procurar mantenerse alejado de los tres peloteros del San Luis que estaban jugando en suelo mexicano:


FRED MARTIN }
Klein, Martin y Max Lanier. Descendió del avión el día 19 de junio, sin que nadie lo reconociera. Más tarde él mismo confesó que tenía la convicción de que habría de obtener mejores informaciones y resultados más beneficiosos si su permanencia en el Distrito Federal no era estorbada e interferida por el ruido de la publicidad. . . Lo estaba consiguiendo, lo había conseguido hasta que pidió comunicación telefónica con Jorge Pasquel desde su apartamento. . .
Pero tuvo la desdicha de haber sido visto en México por un periodista de Cleveland que se hallaba en vacaciones en la Ciudad de los Palacios.
Fue el primero que envió la noticia a los Estados Unidos. Los hermanos Pasquel, por su parte, le prometieron que harían todo lo que estuviese al alcance de sus manos para que el asunto no tuviese divulgación. . . Y, finalmente, hasta lograron convencerlo para que asistiese aquella tarde al parque Delta.



---Un viejecito norteamericano sentado en nuestro palco--- los animaron los Pasquel. --- ¿Quién va a pensar que se trata del Presidente de los Cardenales de San Luis?. . .
El anónimo se mantuvo hasta el séptimo inning, cuando ese excéntrico sin remedio que era Danny Gardella divisó al personaje en el palco de la empresa e hizo el comentario entre sus compañeros:
--- ¡Que alegría ver a mister Sam Breadon por aquí! A los pocos minutos, al decirlo Gardella, lo subían los otros peloteros y al saberlo los otros peloteros, la noticia circuló por los stands y apareció publicada en cuantos diarios se imprimen en la capital de México. . .
Muchos meses después de la visita de Sam Breadon los grandes periódicos de los Estados Unidos publicaron el rumor de que el Comisionado Chandler sugería que se concertara una entrevista con Jorge Pasquel a modo de sondeo, de confraternidad y de armonía. . .


ELADIO SECADES Y JORGE PASQUEL
Precisamente en aquellos días Jorge Pasquel pasó por la Habana de regreso a su patria.
Había estado pocos días en Norteamérica comprando maquinaria para el periódico Novedades.
Pasquel, que a primera vista parecía un hombre voluntarioso e imposible de persuadir, en el fondo era cordial, acogedor, capaz de abrirle su corazón a las personas que llegaban a su lado y que con él departían. . .
Tenía dos personalidades: la que le creó la opinión pública, de violencia, de matices de intransigencia, y la otra personalidad, la verdadera, la suya, la del amigo que tenía del afecto un concepto hasta si se quiere un poco exagerado. Si Jorge recibía en su despacho a un periodista, era para hablarle con sinceridad desnuda de toda diplomacia. A raíz de aquella estancia suya en la Habana, unos reporteros lo invitaron a que se refiriera a la posibilidad de un cambio de impresiones con el Comisionado Chandler.
---Yo invito a mister Chandler  ----respondió--- a una conferencia conmigo. Vamos a revisar como caballeros todo lo que ha pasado y vamos a pensar en el futuro del deporte.
Yo no aspiro a que para esa conferencia el Comisionado vaya a México y él no puede aspirar a que yo vaya a Estados Unidos. Podemos escoger una ciudad neutral y amiga: La Habana. . .
Entonces Jorge Pasquel reconoció que hasta ese momento las pérdidas sufridas en la gran cruzada beisbolera ascendían a tres millones de pesos mexicanos, es decir, seiscientos mil dólares al tipo de cambio que estaba entonces en vigencia.
Continuará


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