Por muchos años me ilusionaba al pensar que, con el tiempo, iba a poder tener un diario de solamente BEISBOL, lo cual resultó una idea imposible de realizar. Afortunadamente logré parte de mis sueños al poder armar una página de internet que me permite recordar a los grandes héroes y los momentos inolvidables que ha tenido el rey de los deportes en su glorioso pasado.

Tomás Morales Fernández

lunes, 9 de febrero de 2015

Strike 3: Willy, el guante de Dios
Publicado en: Strike 3
En este artículo: BéisbolCubaDeportesWilly Miranda


Willy Miranda


He visto no pocas imágenes del mágico Ozzie Smith que levantaba en vilo a las tribunas defendiendo el campo corto de los Cardenales de San Luis. Vi jugar a Giraldo González, Paret, Reynaldo Ordóñez, y vi a aquel increíble número 11 de los Industriales, Germán Mesa, un hombre enemistado con las leyes de la física. He visto a muchos grandes torpederos. Pero no vi a Willy Miranda.
Es una deuda que no podré saldar conmigo mismo. De manera que para hablar de Guillermo Miranda tengo que ser vocero del testimonio ajeno, memorizar lo que he leído o escuchado. Lástima…

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El inmortal nació en Oriente en el lejano 1926, y era un vejigo cuando empezó a domesticar el guante en los terrenos del Central Velasco. Tanto fue el interés que él y su padre pusieron en la habilidad para fildear batazos imposibles y posibles, que el muchacho jamás aprendió a emplear debidamente el bate. Willy.
Eminencias como El Premier Marrero y ese slugger de la prensa deportiva nacional, Elio Menéndez, me han hablado en distintos momentos de la inaudita capacidad de Willy para fildear hacia delante y en el “hueco”, desde donde tiraba con una potencia incompatible con su anatomía de 150 escasas libras.


WILLY Y RIZZUTO CON LA BANDERA CUBANA
No hay chovinismo en sus palabras, porque cosas así las dicen urbi et orbi cuando se habla del legendario parador en corto. Para muestra, un botón: personajes de reconocido prestigio beisbolero como Tom Lasorda y Gene Mauch, declararon años atrás que Miranda había sido “el mejor de todos los torpederos a la defensiva en los anales de las Grandes Ligas”.

WILLY CON ALMENDARES

La aventura deportiva de Willy comenzó por el año cuarenta con el Club Juvenil del Parque José Martí en La Habana, y después lo llevó a los Hermanos Maristas, el Teléfonos, el club Sherman de la Big State League norteña, y el Chattanooga (Choo Choo) de la Southern League.
Es en 1949 que debuta con su idolatrado Almendares en la Liga Cubana, y acaba la campaña con el premio al novato mejor. Dos años más tarde se enrola en los modestísimos Senadores de Washington, y partir de ese instante prolonga durante nueve temporadas su estancia en el béisbol profesional estadounidense.


Allá apenas logró un average de .221, con solo seis jonrones en casi dos mil turnos oficiales. Pero mucho debió maravillar su diligencia con el guante, porque tal handicap no le impidió meterse en las franelas de Medias Blancas de Chicago, Carmelitas de San Luis, Yanquis de Nueva York y Orioles de Baltimore.
Dos campañas estuvo con los Yanquis, que lo asimilaron para que jugara los últimos episodios de los juegos como reemplazo de su short estelar, Phil Rizzuto. Y cerró su carrera de “ligamayorista” en los Orioles, donde su calidad a la defensa hizo decir al dirigente Paul Richards: “No bateaba… pero qué manera de fildear. Sus atrapadas eran espectaculares, cubría un terreno enorme, poseía un brazo de privilegio y sacaba la bola del guante con más rapidez que un mago saca la carta de la manga del saco. Los aficionados iban al parque para verlo recoger pelotas”.
Cada suceso histórico tiene antecedentes que lo justifican o posibilitan. Cuando Germán llegó al diamante y encandiló al país con sus engarces celestiales, la pelota cubana había encontrado la prolongación artística del gran Willy Miranda
-o-


Has
OLGA GUILLOT
Hasta aquí el muy buen articulo  de Michael Contreras y podemos añadir que si bien no jugó en la Liga Mexicana, si lo tuvimos en una temporada como manager de los Sultanes de Monterrey en 1968. No le fue muy bien y lo criticaron bastante los aficionados regios por lo que fue reemplazado ese mismo año por el catcher Jaime Corella. Monterrey quedó en octavo lugar.



Pero como shortstop defensivo fue genial, tanto así, que los Yanquis lo llevaron al club cuando Phil Rizzuto estaba sintiendo ya el paso de los años. Dos de los seis  jonrones que bateó en las Ligas Mayores los conectó con los Yanquis y se habló mucho  de la magia que había  al ponerse el uniforme del equipo de los 40 campeonatos en la Liga Americana. Dio un jonrón en 1953 y otro en 1954. 

YOGI BERRA
Estuvo en la Serie Mundial de 1953 pero solamente como espectador, en la banca del club, pero de todas maneras llevándose el premio mayor en metálico. Esa fue la quinta Serie Mundial seguida conquistada por los Yanquis. Su hermano, Fausto Miranda, fue uno de los muchos cronistas famoso que había en la isa de Cuba antes de 1959 cuando había  tantos periódicos en La Habana.


PEDRO FORMENTAL
Era bien parecido y llegó a casarse con una de las cantantes más famosas en la historia de Cuba, la formidable Olga Guillot, aunque el matrimonio duró solamente unos años. Recuerdo haber leído varias  veces que Olga Guillot era la artista favorita del genial cronista deportivo mexicano “Fray Nano”, Alejandro Aguilar Reyes.
Decían de broma que como era bateador ambidextro, bateaba .400 de porcetaje, ya que su average andaba por los .200 como zurdo y .200 como derecho. Bateó de por vida en Ligas Mayores para .221 y su mejor temporada fue la de 1955 con los Orioles de Baltimore en que bateó .255 en 487 veces al bat.
En sus años el mayor número de errores de 12 en un año aunque al final de su carrera y tuvo 26 y hasta 34 errores por campaña. Estaba llegando al final de su carrera.


YANQUI STADIUM  ORIGINAL
Pastor Torres, que luego fue gerente del Aguila de Veracruz, lo vio jugar muchas veces para su equipo favorito de los Azules del Almendares y me dice que era defensivamente tan bueno como el mejor que haya visto.
Miranda falleció a  lo 70 años en Baltimore donde se quedó a vivir y víctima de un problema de efisema pulmonar que le vino a estar metido por un buen rato en  un edifico que se estaba quemando.


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