Por muchos años me ilusionaba al pensar que, con el tiempo, iba a poder tener un diario de solamente BEISBOL, lo cual resultó una idea imposible de realizar. Afortunadamente logré parte de mis sueños al poder armar una página de internet que me permite recordar a los grandes héroes y los momentos inolvidables que ha tenido el rey de los deportes en su glorioso pasado.

Tomás Morales Fernández

sábado, 31 de octubre de 2015


MI PRIMERA SERIE MUNDIAL

BLANQUEDA Y DOS JONRONES

TERCERA PARTE
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PROGRAMA OFICIAL SERIE MUNDIAL 1961 EN YANQUI STADIUM











El nueve de octubre de 1961 fue una fecha memorable para mi, precisamente el día que vi mi primer juego en una Serie Mundial. Me levanté temprano y me fui lo más pronto que pude al Yanqui Stadium. Me habían dicho el metro que tenía que tomar, o el tren como le dicen allá. En aquel 1961 los metros de Nueva York hacían mucho, pero mucho ruído al agarrar velocidad y en un principio me asusté pero como nadie se inmutaba pensé que todo estaba bien. Me bajé en la calle 161 del barrio del Bronx y la Avenida del Río y al llegar vi que el estadio estaba rodeado por tiendas de souvenirs, por un bar, un boliche y rodeando al estadio muchos ambulantes en sus pequeños puestos vendiendo banderines. 


YANQUI STADIUM ORIGINAL




Entonces la mercadotecnia estaba muy atrasada y recuerdo que el gerente del Yanquis, George Weiss, no quería poner a la venta una gorra idéntica a la que usaban los jugadores del equipo y su teoría tonta era que no quería que cualquier persina usara la gorra de los Yanquis. Con ese pensamiento dejaron de ganar miles y hasta millones de dólares. Vendían otras gorras con la palabra Yankees pero ninguna idéntica a las del equipo como más adelante y ya con mejores estrategas de la mercadotecnia pusieron a la venta no solo las gorras idénticas del club sino las camisolas, chamarras  y todo lo que actualmente se vende en grandes cantidades.


GORRAS DEL YANQUIS

Había otros souvenirs como encendedores, ceniceros y varias cosas, pero ni chamarras ni camisolas y menos gorras iguales a la del equipo. Años más tarde me encontré a uno de los que se dedican en la calle a recoger la basura y como llevaba una gorra iguala la que usan los Yanquis me acordé de la teoría de  George Weiss.
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MICKEY MANTLE

El caso es que cuando llegué al Yanqui Stadium era todavía tan temprano que el encargado en pedir los gafetes de prensa apenas estaba poniendo su mesa para el trabajo que le esperaba. Cuando logré entrar todavía  los jugadores del Yanquis no salían a practicar y los encargados del parque estaban dando los últimos toques. Era un Yanquis todavía de tanta clase que el cátcher en la práctca de bateo lo era  Jim Hegan que había sido titular de la receptoría en los tiempos de Beto Avila con los Indios.


El primero en tomar la práctica de bateo esa tarde lo fue Mickey Mantle ya que había duda si el dolor que tenía  en el glúteo lo iba a dejar jugar o no el primer partido de la Serie Mundial. El caso es que hizo varios swings y puso varias pelotas en las gradas del jardín izquierdo. Luego se retiró sin decir nada pero Mantle no iba a jugar en los dos primeros juegos de esa Serie Mundial.
Todos tomaron la práctica de bateo y antes de hacer sus swings fuertes el cátcher Hegan se salía de su lugar para que practicaran un toque de bola por tercera y otro por primera. Cuando llegó el turno para que bateara en la jaula el emergente jonronero John Blanchard y Hegan se había salido para los toques de bola, el bateador le preguntó: “¿Tu crees que me van a llamar para tocar la pelota de sacrificio?”. Hegan le dijo que tenía razón y volvió detrás del plato.
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BUCK CANEL IZQUIERDA CON YOGI BERRA FELO RAMIREZ Y OTROS

Fue durante la práctica de bateo de Yanquis y  Rojos antes de ese primer juego de la Serie Mundial de 1961 que tuve el placer de conocer al famoso Buck Canel y me emocioné bastante ya que llevaba bastantes escuchándolo en sus programas y transmisones. Igualmente fue muy atento desde el primer momento el periodista mexicano  Luis Suárez del Solar que estaba desde tiempo atrás trabajando en la Prensa Asociada de Nueva York. Varias veces en mis viajes a Nueva York me ayudó Suárez del Solar para solucionar algún problema como la falta de un hotel bueno y no caro. Suárez del Solar fue al igual que Buck Canel, un gran amigo por años y años. A través del tiempo se vino a vivir a la ciudad de México y fue parte de un programa de radio que era muy bueno con el “Gallo” Calderón donde nos recordaban al México que ya se había ido a las páginas de la historia.


PLACA QUE RECUERDA AL YANQUIS DE 1961



Cuando murió su esposa quiso reanimarse regresando a Nueva York para volver a trabajar allí y antes de marcharse me habló para decirme que me quería regalar todos los libros de Beisbol que compró a través de sus años y estuve con él en su casa recogiendo ese material tan importante. Sin embargo no pudo recuperarse en Nueva York que ya sin su señora no fue igual a la Nueva York de antes y al poco rato regresó para vivir y fallecer en México. Tenía un hermano muy agradable que se dedicaba a sar shows de magia y también fue una excelente persona.
Luis Suárez de Solar no solamente fue un gran cronista sino un gran señor siempre muy amable, dispuesto a ayudar a los mexicanos que llegaban a Nueva York.
Con Buck Canel comencé una gran y larga amistad ya que  nos veíamos en octubre en las Series Mundiales y en los febreros en las Series del Caribe. Nos tuvo mucho aprecio a los cronistas mexicanos que íbamos a Estados Unidos y nuestra amistad fue tan buena que él me llamaba “Tomasito” ya que en ese tiempo era joven  todavía. En el último libro que hice sobre   mi carrera de cronista, “Tommy al Bat”, pongo en un CD una entrevista con Buck Canel en que me habla de Joe DiMaggio, Mickey Mantle y el gran Beisbol. Un voz inconfundible para los que seguíamos el Beisbol de Liga Mayores a través del radio y sus comentarios en la France Press..


MUIGUEL OROPEZA

Ya me iba a subir a buscar el lugar que nos habían  asignado en un palco de prensa auxiliar en el llamado mezanine, segundo piso, entre home y tercer base, cuando tuve una muy agradable sorpresa al encontrarme en la caseta del Yanquis a don Miguel Oropeza, el siempre luchador por el Beisbol Amateur que impuso record de campeonatos ganados en nuestra pelota y después de saludarnos muy contento me dijo que lo ayudara para entregarle a Roger Maris, el hombre de los 61 jonrones ese año, un precioso sarape de Saltillo que le traía de regalo dentro de una caja.




EL ENOJON FORD FRICK


Por ese mismo momento se acercaba el Comisionado Ford Frick para tomar el túnel y salir del terreno cuando lo abordé para pedirle permiso que dejara al señor Oropeza entregarle un regalo que traía desde México don Miguel Oropeza a Maris .
Frick, muy serio, dijo que estaba prohibido hacerles regalos a los jugadores. Se portó como un total aguafiestas. Pero cuando Frick siguió su camino, el policía que cuidaba la entrada del vestidor del Yanquis escuchó la plática y se acercó a nosotros que habíamos quedado tristes. El caso es que nos dijo: “Roger está a punto de salir al campo así que ustedes le pueden dar el regalo entonces. Yo no he oído nada.”


MARIS EL HOMBRE DEL AÑO 1961

Nos devolvió el ánimo. Efectivamente Maris salió del vestidor por el túnel rumbo a la caseta y me le acerqué  para decirle que el señor de México que me acompañaba, Miguel Oropeza, le traía un regalo. En el mismo túnel abrió la caja y quedó encantado. Le gustó una barbaridad. Se tomó una foto con don Miguel con el precioso sarape extendido y le dijo al mismo policía que por favor le guardara la caja en su locker. Don Migue había logrado su objetivo a pesar de la prohibición del gruñón Ford Frick.
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JORGE SONNY ALARCON








Misión cumplida fui a mi lugar en el mezanine para prepararme a ver el juego ante 70,000 aficionados que buscaban su lugar. En ese mismo palco de prensa auxiliar estuvo Casey Stengel, todavía manager del Yanquis un año antes, quien había sido contratado por una agencia noticiosa  para dar sus comentarios sobre la Serie Mundial. Y también tuve el gusto de saludar a don Benjamín Alarcón, mi compañero en el diario La Afición pon que escribía sobre Jai Alai que por muchos años fue un gran espectáculo en la ciudad de México. Le encantaba viajar a Nueva York al papá de Jorge “Sonny” Alarcón y cómo por ese tiempo los Yanquis estaban todos los años en la Serie Mundial, allí estaba don Benny Alarcón. Siempre que hablábamos de Beisbol me criticaba a Casey Stengel como manager pero cuando lo vio cerca en el palco de prensa auxiliar, le pidió el autógrafo. Un gran señor don Benny un cronista muy profesional, el más famoso en México que escribía sobre Jai Alai.

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LOS MANAGERS HOUK DE YANQUIS U FRED HUTCHINSON DE ROJOS
Desde mi asiento en el palco del mezanine miré una y otra vez el formidable Yanqui Stadium original. Por un hueco que se abría entre los tres pisos y las gradas lejanas de sol, los bleachers, se veía pasar los vagones del metro y los que iban trataban de ver por unos segundos el campo de pelota.


FORD Y BOYER HEROES EN EL PRIMER JUEGO

En aquel 1961 y por varios años, los aficionados iban al parque de pelota con traje, corbata y abrigos si hacía  mucho frío. Pero los años pasaron y ahora los aficionados van en un 90 por ciento con chamarras, playeras, de acuerdo al clima, pero se abandonó llevar corbata y traje como si se fuera a la ópera. Los tiempos cambian y encaja más llevar ropa deportiva a un estadio de Beisbol que ir en traje y corbata aunque como eran juegos de día  a la una de la tarde y se jugaban en dos horas, muchos regresaban del partido a sus oficinas para hacer sus tareas en horas de la tarde.
Ya era definitivo, Mickey Mantle no iba a estar en ese primer juego. Los Yanquis comenzaron ese juego con Maris en el central, Yogi Berra en el jardín izquierdo y Héctor López en el derecho.
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ROJOS Y YANQUIS DERECHA ANTES DEL PRIMER JUEGO






Ese primer juego de Serie Mundial que vi estuvo como anillo al dedo para mi. Un dia lleno de sol, con el estrella Whitey Ford lanzando una banqueada, el tercera base Clete Boyer haciendo maravillosas atrapadas en la tercera base y con dos jonrones para las únicas dos carreras del juego que ganaron los Yanquis 2-0. La primera carrera en la cuarta con un jonrón del catcher Elston Howard, bateador derecho sobre la barda del jardín derecho, a terreno corto del jardín  derecho. Un batazo por la banda contraria. 



Y el segundo si fue un buen macanazo conectado en la sexta por el primera base Bill Skowron jalando la bola y hasta las gradas del jardín izquierdo. Esas dos carreras y con los lances de Boyer en la tercera base fueron más que suficientes para Ford que completó el juego y ganó su octavo juego de Serie Mundial.
En esa Serie Mundial se inmortalizaría Clete Boyer como un gran jugador y como un genio en la tercera base. Ya no iba a vivir a la sombre de su hermano Ken, el muy buen tercera base de los Cardenales de San Luis.
A las siete de la noche puntualmente hubo otra recepción en el mismo lugar del Waldorf Astoria. Unos años más tarde el gerente de relaciones públicas de los Yanquis, Bob Fishel, quien había trabajado con Beto Avila en los Indios en el mismo rol, me comentó  que llevaban el record del cronista que más veces había repetido yendo a las mesas del bufete. Era de ocho veces.
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ULTIMA SERIE MUNDIAL EN TREN

Durante el primer partido se me acercó un señor de unos 50 años y me dijo muy amablemente si deseaba viajar a Cincinnati al día  siguiente en el tren  de la prensa. Recordé lo que me había dicho Fray Nano, no te vayas en el tren de los periodistas porque cuesta muy caro. Estaba a punto de decirle que no, ya tenía planeado irme en el autobús Greyhound donde el boleto a Cincinnati valía 19 dólares, pero antes que pudiera decirle que no me dijo que en ese mismo tren iban a viajar los Yanquis.
Eso iba a cambiar mi contestación. Era algo muy especial poder viajar en el mismo tren que los Yanquis y cambié el no por el sí, con perdón de Fray Nano. Ese viaje iba a ser por cierto histórico ya que fue el último por tren en la historia de las Series Mundiales. De 1962 en adelante siempre se viajaría en avión. Hasta los Rojos de Cincinnati en ese 1961 viajaron en avión pero los Yanquis decidieron hacer el último viaje en tren y decidí montarme en el mismo ferrocarril donde iban mis idolos, aunque todavía en ese momento no sabía lo que costaría el pasaje. Ya a bordo del tren es donde te iban a cobrar.
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Por la noche de ese primer juego salimos a dar la vuelta mis compañeros de cuarto que casi nunca nos veíamos, Plutarco Elías Calles Junior y Varona. Caminamos por las calles céntricas de Manhattan viendo escaparates. Entonces estaba de moda en Nueva York los Dancings, pero diferentes a los cabarets que conocíamos en México, eran salones de baile. Usted compraba en una taquilla ya en el salón un boleto como si fuera el del metro y podía bailar una pieza con cualquiera de las damas que estaban sentadas del otro lugar de la baranda, pero no se podían tomar tragos con ellas. Cada quien en su esquina, como en el boxeo en el minuto de descanso. Al poco tiempo desaparecieron los dancings para pronto ser reemplazado por los cabarets de desnudistas que todavía siguen de moda pero con diferentes actos y escenarios. La pornografía iba a invadir a Nueva York y al mundo.

Continuará. 

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