Por muchos años me ilusionaba al pensar que, con el tiempo, iba a poder tener un diario de solamente BEISBOL, lo cual resultó una idea imposible de realizar. Afortunadamente logré parte de mis sueños al poder armar una página de internet que me permite recordar a los grandes héroes y los momentos inolvidables que ha tenido el rey de los deportes en su glorioso pasado.

Tomás Morales Fernández

miércoles, 28 de octubre de 2015

Segunda Parte

MI PRIMERA SERIE MUNDIAL: 1961

LA CASA QUE BABE RUTH CONSTRUYÓ.





ENTRADA DEL HOTEL ROOSEVELT NUEVA YORK








El primer día que llegué a Nueva York para la Serie Mundial de 1961 era lluvioso y al arribar al Hotel Roosevelt en donde se iban a hospedar mis compañeros de viaje y amigos, Plutarco Elias Calles Junior y Varona,  me encontré en el lobby a Regino Otero y me dio mucho gusto ya que había  tenido una muy buena amistad cuando manejó a los Sultanes de Monterrey en 1957. 


LOBBY DEL HOTEL ROOSVELT

Ahora era el coach de tercera de los campeones de la Liga Nacional, Rojos de Cincinnati, y manager ocasional ya que el manager Fred Hutchinson ya estaba batallando contra el cáncer.  

REGINO OTERO


Platiqué un buen rato pero no me pudo resolver nada sobre un posible hotel que me recomendara al llegar la Serie Mundial a Cincinnati. En ese aspecto esperaba más de Regino  ya que nuestra amistad era grande pero hay que aceptar que en la víspera de una Serie Mundial hay mucho trabajo para el brazo derecho del manager. También estaba en el lobby Napoleón Reyes, el último manager que tuvo el Sugar Kings de La Habana, y quien seguramente había ido a ver  Regino Otero.
Me disponía a ir en la búsqueda de un hotel en la gran manzana cuando muy gentilmente Plutarco Elías Calles Junior me dijo: “No tiene caso que busques hotel, nuestro cuarto está grande y pueden poner una cama extra para que allí pases la noche Solamente van a ser dos noches. Colocaron una cama pegada a la pared y me habían hecho un gran favor con no tener que salir de ese hotel muy bueno, gratis y cerca de la zona de Times Square, donde cada fin de año reciben al nuevo. 

GRETA GARBO
Además esa noche, la víspera de la Serie Mundial, los Yanquis iban a dar su gran fiesta en el centro nocturno del más famoso de los hoteles de Nueva York y posiblemente del mundo, el Waldorf Astoria. Posiblemente solo el Grand Hotel en la película famosa de Greta Garbo haya tenido más nombre.
Pero después de dejar la maleta salí corriendo en la búsqueda de los pases de acreditación para estar dentro del Yanqui Stadium. Primero fui a la oficina de los Yanquis en el edificio Squibb pero allí me informaron que los gafetes los estaban dando en el cuarto de uno de los hoteles céntricos de Nueva York. En la oficina estaba aquel buen segunda base Jerry Coleman ahora en  su nueva carrera de narrador y donde luego historia por muchos años en San Diego.
Era costumbre que los cronistas de la ciudad donde se jugaba cada año la Serie Mundial se encargaran de esos menesteres y cuando llegué al lugar me dio mi pase Dick Young que era uno de los grandes cronistas de Nueva York y con el cual luego hice una buena amistad.

BOLETO DE ENTRADASERIE MUNDIAL 1961

Con mi pase me fui al estadio del Yanquis, el Yanqui Stadium original, donde los Yanquis y los Rojos iban a practicar Pero era un día lluvioso sobre Nueva York y cuando llegué al gran estadio ya los Yanquis acababan de practicar y los Rojos cancelaron su entrenamiento.



YANQUI STADIUM ORIGINAL


Había visto tantas fotos y películas del Yanqui Stadium que ahora al estar allí mismo, me parecía que ya había  estado en el gran lugar. Lo primero que hice cuando entré al estadio fue salir por el túnel del vestidor para mirar en el terreno el estadio en toda su grandeza y belleza de la casa que Babe Ruth construyó. Cuando entré a la caseta, que estaba vacía, pensé en todos mis grandes ídolos que estuvieron en esa banca a través de los años. Y cuando me asomé al terreno de juego vi la grandeza total de este gran estadio. Los tres pisos parecían llegar hasta el cielo, parecía inmenso con sus más as de 70,000 asientos. Pero todos menos los llamados “bleachers”, las gradas de sol, con butacas, no como en los estadios de Futbol en donde la mayoría no tiene esa comodidad.
CATEDRAL DE SAN PATRICIO 
En el terreno estaban algunos jugadores del Rojos vestidos de paisanos que no pudieron entrenar, estaba puesta la lona en el terreno. Por varios minutos recorrí con la mirada ese Yanqui Stadium que desde los ocho años llevaba en el corazón y  en cada una de las miradas me parecía más excepcional.





Entonces me metí al vestidor donde los Yanquis habían  acabado de entrenar no hacía mucho tiempo y estaban muchos cronistas. Para conocerlos y ver su manera de hablar, entrevisté a casi todos. Un par de preguntas, unos contestaban alegres, otros les importaba un bledo. Saludé  en español al relevista boricua Luis Arroyo, quien luego sería  un gran, gran amigo mío, pero con su habano entre los labios, contestaba  las preguntas de varios cronistas.  En 1961 había tenido una gran temporada Arroyo como relevista del Yanquis y le había salvado 18 de los 25 juegos ganó al estrella Whitey Ford. Estaba en el momento más grande de su carrera y en un tiempo donde todavía no había tantos relevistas como ahora.

RALPH HOUK NUEVO MANAGER DEL YANQUIS

El más agradable de todos los fue Elston Howard, el primer pelotero de color en jugar con los Yanquis, que se puso contento cuando le recordé un jonrón que dio en el Parque del Seguro Social sobre los alto anuncios del jardín  izquierdo. Uno de los grandes batazos que se habían dado en ese estadio cunado Howard vino con los Estrellas de Willie Mays. Whitey Ford también fue muy amable recordando el invierno que jugó con los Venados de   Mazatlán. Allí estaban todos mis héroes en  el mismo gran cuarto.
El nuevo manager Ralph Houk, sucesor de Casey Stengel, se estaba marchando cuando pude hablar un par de minutos con él y le pregunté sobre su pitcheo para esa Serie Mundial y me emocionó cuando para platicarme sobre ello me puso la mano derecha sobe mis espaldas y me dijo varias cosas y con un caracter muy entusiasta.
FLAMINGO PRIMER HOTEL EN LAS VEGAS

En un momento vi al centro del vestidor a uno de los dueños del Yanquis, Del Webb, y pensé que era la persona indicada para pedirle un favor. Me presenté ante él, cronista mexicano, aficionado al Yanquis que tenía entonces  una pequeña revista que hablaba solo del equipo y muy amable, el señor Webb llamó a un cronista de Nueva York que estaba cerca y le dijo: “Seño Rosenthal, quiero que le arregle al señor el problema que tiene.”
Le di las gracias y ya le expliqué a Harold Rosenthal, cronista del diario New York Herald Tribune, que no me habían  dado un gafete para estar en el terreno de juego antes de los partidos. Me dijo entonces que en la tarde volviera al mismo hotel donde había recibido el gafete y que me darían el otro para que estuviera en el terreno de juego en las prácticas de bateo. El mismo Dick Young, muy atentamente, me entregó el gafete que faltaba.
Con el tiempo y leyendo los libros que se han hecho desde entonces me entere que Del Webb, uno de los propietarios del Yanquis que me había ayudado con lo del gafete que me faltaba, había sido el constructor de Las Vegas original. Tenía una compañía constructora y primero terminó el hotel Flamingo, mismo que año después, en un viaje a Vegas, tuve la oportunidad de pasar un par de noches.
Con Mickey Mantle no pude platicar por qué estuvo mucho  rato en plática con el famoso narrador  Mell Allen


JOE LOUIS

De regreso del Yanqui Stadium a Manhattan tuve la suerte de conocer en el vestidor al narrador de los juegos que pasaban en onda corta en la estación del ejército, Gordon McLendon, le dije que lo escuchaba todos los días en el radio y que le había traído un obsequio. Era un trabajo de artesanía, un caballito de adorno, y se lo entregué cuando llegamos al hotel. Tuve suerte porque estaba lloviendo.
Ya en el hotel me preparé para ir a la fiesta que iban a dar los Yanquis lo cual es tradicional en la víspera cada Serie Mundial, aunque en esa ocasión fue la última vez que utilizaron el Waldorf Astoria. Ya en la reunión, donde usted puede comer de gratis  todos los manjares que había para escoger, me encontré al conocido y famoso cronista mexicano Enrique Montero Ponce de Puebla que luego sería un gran amigo.


EL WALDORF ASTORIA





Era un centro nocturno muy elegante, muy especial, con el techo presentando la luna y estrellas como si fueran de verdad. Una cena para no olvidarse de ella. Los tragos también eran cortesía de la casa pero en ese tiempo yo no tomaba ni una gota. Platiqué con algunos cronistas que estaban como yo, perdidos y buscando a alguien con el que platicar, uno de ellos y que luego vi en varias Series Mundiales lo fue un exjugador que se acababa de retirar llamado Elmer Valo, bastante bueno pero con equipos malos la mayor parte del tiempo, y  los dos nos  platicamos nuestras historias El acababa de retirarse del Beisbol y ahora estaba tratando de permanecer en el rey de los deportes como cronista,
Luego hice la plática con alguno que otro de los medios informativos y cuando ya fue la hora de irme bajé en el elevador en donde también iba el que fue por tanto tiempo el boxeador más famoso del mundo, Joe Louis, al que habían invitado a la fiesta. Me impresionó tanto bajar a su lado en el elevador que se me olvidó pedirle el autógrafo.
Entonces no conocía gran cosa de Nueva York y de haberlo sabido lo primero que hubiera hecho es visitar la Catedral de San Patricio, algo que en poco tiempo me dijeron dónde estaba y no había viaje a Nueva York que hacía en que no visitara la formidable catedral en que hay un altar al frente pero del lado derecho dedicado a la Virgen de Guadalupe y otros en la lateral izquierda en donde hay varios santos, San Judas Tadeo entre otros y de cual me hice tan devoto y otro a San Juan Bautista de La Salle. Estuve en el colegio LaSalle en Cuba y en el Cristóbal Colon en México. Estoy muy orgulloso de ser Lasallista y creer en Dios y en nuestra religión.
Seguía lloviznando en mi primer día en Nueva York pero anunciaron que para el día siguiente, al comenzar la Serie Mundial de Rojos y Yanquis, el clima iba a estar de primera. Habían anunciado a Whitey Ford lanzando por Yanquis y al zurdo también Jim O´Toole por los Rojos.
Y a dormir en mi cama plegable en la primera noche.

(Continuará.) 

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