Por muchos años me ilusionaba al pensar que, con el tiempo, iba a poder tener un diario de solamente BEISBOL, lo cual resultó una idea imposible de realizar. Afortunadamente logré parte de mis sueños al poder armar una página de internet que me permite recordar a los grandes héroes y los momentos inolvidables que ha tenido el rey de los deportes en su glorioso pasado.

Tomás Morales Fernández

viernes, 17 de junio de 2016

1963

MI TERCERA SERIE MUNDIAL

El segundo juego



BOLETPS DEL SEGUNDO JUEGO DE LA SEROE MUNDIAL E 1953






Los 15 ponches de Sandy Koufax contra los Yanquis en el primer juego de la Serie Mundial de 1963 fue un golpe muy duro para  los aficionados al equipo de las franjas. Por  muchos años fuimos ivencibles en las Series Mundiales, ya fuera con Babe Rurh y Lou Gehrig dando batazos o, sobre todo en la era de Joe DiMaggio, quien jugó 13 años en las Ligas Mayores  con 10 campeonatos del Yanquis y nueve Series Mundiales ganadas. Por  un tiempo fuímos ivencibles y mi mejor época como aficionado fue la de 1949 a 1953 en que los Yanquis ganaron cinco campeonatos seguidos y cinco Series Mundiales ganadas en forma consecutiva. Nadie lo ha hecho más que los mismos Yanquis que de 1960 a 1964 ganaron otros cinco títulos seguidos pero  tuvieron algunas Series Mundiales perdidas de vez en cuando.




En los tiempos de DiMaggio el equipo lucía de verdad invencible. Y como lo dice en el libro “El Viejo y el Mar hay un párrafo que dicen que los Yanquis habían perdido hoy, “pero tenemos de nuestro lado a Joe  DiMaggio y con él no podemos perder”.
 Ese libro lo escribió  el famoso escritor americano Ernest Hemingway y en uno de los  párrafos es cuando el viejo pescador le dice al niño: “No importa que hayamos perdido hoy, tenemos a DiMaggio y con él sabemos qeue vanos a ganar.”
Pero DiMaggio se retiró tras ganar la Serie Mundial de 1951 y todavía se ganaron las Series Mundiales en 52 y 53,


A
YANQUI STADIUM ORIGINAL
hora era buenos equipos otra vez con Mickey Mantle y Roger Maris, pero no había  aquello de Hemingway de que no podemos perder porque tenemos al gran DiMaggio. Ya no estaba con nuestro equipo y en 1955  los Dodgers de Brooklyn nos ganaron la Serie Mundial en siete juegos con aquella fabulosa atrapada del cubano Sandy Amorós y la blanqueada de Johnny Podres después
Ahora, en 1963, habían pasado los años de Podres y Amorós pero  en 1963 los Yanquis volvieron a encontrarse a Podres, ya un veterano, pero con mucha astucia.

Los Dodgers volvieron a ganar 4-1 y no solo se perdió sino que temprano en el juego, Roger Maris se lesionó la rodilla al buscar un batazo en terreno de faul y ya no  volvió a jugar el resto del clásico. Tuvo cinco veces al bat con cero hits. y su lugar en el jardín derecho fue ocupado por el panameño Héctor López.
EL joven zurdo de color Al Downing comenzó por los Yanquis el segundo juego. Y en la primera entrada le hicieron dos carreras que empujó Willie Davis. Antes, cuando el veloz Maury Wills estaba en primera bse, fue sorprendido por una revirada de Downing pero Willis era tan rápido que llegó seif a segun
da. En  la cuarta entrada los Dodges anotaron otra carrera con un cuadrangular  por la banda derecha de Bill  Skowron, que había sido el primera base del Yanquis en los tiempos de Casey Stengel, pero para darle el lugar a Joe Pepitone cambiaron a Skowron que terminó  dando de jonrón  contra su antíguo equipo.
Mientras tanto Podres siguió poniedo ceros como si fuera la Serie Mundial de 1955 y fue hasta ka novena entrada cuano los Yanquis anotaron su única carrera con doblete de Héctor López y sencillo de Elston Howard. Relevó el joven Ron Perranoski.
La serie se había puesto  muy difícil para los Yanquis  que ahora iban a jugar los tres siguientes juegos en Los Angeles, pero los aficionados mexicanos que habíamos ido pensamos que el clásico volveria a Nueva York. Creíamos que por ser los Yanquis iban a poder salir del lío. Pero para 1963 ya no estaban ni  DiMaggio, ni Hemnigway ni el viejo pescador.
-o-




Como al día siguiente era de día de viaje les dije a mis compañeros de México que iba a aprovechar  para viajar al Salón de la Fama en Cooperstown y les dije si alguno se animara para acompañarme. Todos dijeron que no y no los culpo. La ciudad de Nueva York es muy grande y se necesita  tiempo para conocerla. Mis compañeros bromearon conmigo  diciéndome que  en realidad iba al Salón de la Fama para invocar a Babe Ruth y otros grandes y que nos acaran del aprieto.

BIENVENIDO A COOPERSTOWN


La verdad es que siempre había tenido muchas ganas de conocer el Salón de la Fama donde luego volvería cuando ya el amigo Pepe Rodríguez organizaba sus caravanas beisboleras cada octubre a la Serie Mundial. Al paso de mucho años renovaron totalmente el Salón de la Fama de Cooperstown pero le dieron en la torre igual que cuando renovaron el Salón de la Fama de Monterrey. Buscaron poner diseños bonitos  y quitaron mucho de lo que ya había. Estaba mejor el Cooperstown original.




ENTRADA AL SALON DE ¿LA  FAMA
Cooperstown está a unas seis horas de Nuva York por carretera,  no está tan cerca, y la única manera de llegar era por autobú. Primero busqué si el tren pasaba por allí pero me dijeron que no.
Ir aquella vez a Cooperstown, al Salón de la Fama de Ligas Mayores, terminó siendo  uno de los días más fabulosos de mi vida de cronista. Como el único autobús de regreso pasaba tres horas después que había llegado, decidí quedare a dormir en un Hotel precioso en Cooperstown, un hotel campestre, campirano, de madera, my bien adornado y con un cuarto grande y económico. Una atención maravillosa, la gente fuera de la capital son g4neramente más atentos.
CAMPO HISTOR'ICO COPERSTOWN




Con un pequeño imtervalo  para comerme una hambrguesa, me la pasé recorriendo una  y otra vez los salones que habóa en el lugar, tres cuartos completos estaban destinados a Babe Ruth.
Luego tuve la oportunidad de conocer al entonces director del Salón de la Fama, Ethan Allen, y después de una sabrosa plática me regaló un montón de libros sobre el Beisbol naturalmente. También en el salón de cine había una película sobre Béisbol obviamente.
Recorri varias veces los salones hasta que fue hora de cerrar. También  visité en parquecito de Cooperstown donde la leyenda dice que allí se jugó el primer partido de Béisbol. Sea verdad o no, me emocioné mucho al estar sobre la lomita, o en la caja de bateo  de ese primer campo de Beisbol en la historia. Allí nacieron las grandes emociones que solo el Beisbol nos da.



RECUYERDO A LOS YANQUIS



Recuerdo que era viernes y  ya en la noche, sin nada que hacer, me metí al único cine que había en Coopestown donde daban la película “D-Day”, el desembarco en  Normandia de lo  aliados. Como era viernes por la noche se llenó  de niños de escuela que al dia siguiente no tenían  colegio. Y cuando daban demasiados gritos, por las escenas de  la película, el encargado prendía las luces para que los muchachos se callaran y dejaran ver la película.
Al final del film me fui a dormír muy contento por el día tan hermoso que había pasado. A las ocho de la mañana del sábado pasaba el autobús con destino a Nueva York de regreso y dejé atrás ese lugar tan hermoso, un pueblo increíble que podría ser la ciudad de Shangrilá, llamado Cooperstown.

Contuinuará

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