Por muchos años me ilusionaba al pensar que, con el tiempo, iba a poder tener un diario de solamente BEISBOL, lo cual resultó una idea imposible de realizar. Afortunadamente logré parte de mis sueños al poder armar una página de internet que me permite recordar a los grandes héroes y los momentos inolvidables que ha tenido el rey de los deportes en su glorioso pasado.

Tomás Morales Fernández

domingo, 9 de abril de 2017


A 60 AÑOS DE  LAZARO SALAZAR
SALAZAR Y HECTOR PERALTA

Primera Parte
El 24 de abril de 1957 se celebró un juego que de acuerdo a partidos en que sucedió lo mismo o algo parecido debió haber sido suspendido, pero que en aquel entonces decidieron jugarlo hasta el final. Era apenas la segunda serie de la temporada de ese año del Diablos en la capital entre los Sultanes de Monterrey que jugaban en la casa de unos Diablos Rojos que en la jornada inaugural habían izado la bandera de su primer campeonato, logrado el año anterior de 1956, ante el gran entusiasmo del lleno completo.

Las cosas no pintaban tan bien para los Diablos en la campaña e 1957 ya que la Liga de Nicaragua, que entonces se jugaba en el verano al igual que la Liga Mexicana, estaba contratando peloteros que pertenecían a nuestro circuito al actuar como una liga pirata un equipo de Managua, el Cinco Estrellas, que era patrocinado por el presidente Anastasio Somoza, contrató  a dos pitchers que habían sido parte muy importante en el campeonato  de los Diablos, el zurdo dominicano “Guayubín” Olivo y al derecho cubano Vicente López. Eso tenía muy molesto al muy famoso manager Lázaro Salazar que en 1956, al manejar a los Diablos a su primer título de la historia, llegó a siete campeonatos ganados en la liga azteca. Ese es un record que todavía persiste en nuestra Liga Mexicana.
 
 

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EL 16 de abril los Rojos habían inaugurado la campaña en el Seguro Social perdiendo con los Tecolotes de Nuevo Laredo que ahora eran manejados por Memo Garibay, quien había vuelto a la Liga Mexicana después de aquel 1950 en que llevó al Algodoneros de Unión  Laguna al que ha sido el último campeonato de su historia.

Curiosamente en ese juego inaugural el pitcher ganador por los Tecolotes en juego que terminó 9-5 lo fue el debutante Tomás Herrera quien había dejado la pelota americana para jugar en nuestro país. Luego sería Tomás Herrera un hombre de gran fama en la Liga Mexicana como manager de los Diablos Rojos, así como de otros equipos y más adelante un directivo triunfal con equipos campeones.

Los Diablos ganaron el segundo juego 13-4 con jonrones de Alonso Perry y “Natas” García, mientras que Zacatillo Guerrero se la voló por los fronterizos.

El México ganó el juego decisivo de la serie a Nuevo Laredo y de allí bajaron a Veracruz para jugar contra el Aguila de Veracruz que dirigía Martín Dihigo. Por esos días se dio a conocer que el gran Lázaro Salazar iba a regresar el próximo invierno a la Liga Cubana como manager de los Azules del Almendares, con el que había jugado por varias temporadas. En Cuba habían relegado por un tiempo  a los managers antillanos y se acostumbraron a llevar a varios managers extranjeros, como Bobby Bragan que manejó a ese Almendares, pero ahora le reconocían a Lázaro los campeonatos ganados en otros países.

Y para festejar que Salazar volvía de manager a su querida Cuba, el fantástico Martín Dihigo, que era tan formidable cocinando como en el diamante beisbolero, le ofreció en su casa una gran comida al llamado Príncipe de Belén. Apetitosos platillos se dieron en la gran comilona organizada por Dihigo, como tasajo brujo.

DIHIGO
 

A los Diablos les fue muy bien al ganar dos de tres juegos en el puerto de Veracruz, el primero 7-5 con dos jonrones de Mario Luna, un joven que prometía mucho, y uno de Alonso Perry. Y el segundo se lo sacaron de la bolsa al Aguila de Dihigo con tres carreras en la novena entrada. Finalmente en el tercero y último de la serie el Aguila pudo vencer al México con pitcheo del zurdo cubano Raúl Galata.

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Al llegar de regreso al Parque del Seguro los Diablos tenían record de 4-2 en el inicio de la campaña, pero el martes 23 de abril fueron apaleados 13-3 por los Sultanes y antes de comenzar el juego trágico del miércoles 24 de abril de 1957 había el rumor de que el Beisbol de Nicaragua quería llevarse a otros dos pitchers del Diablos, al derecho Guarao Guerra y al zurdo Wenceslao González, los dos zurdos.

Cuando supe esta información antes del partido del miércoles 24 de abril  comprendí el por qué Lázaro Salazar se veía molesto en la cadena de los Diablos Rojos. Iba a ser el último juego que manejaría en su gran carrera como manager exitoso.

Continuará.  

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